Additional information
Reflections for the week
Online Retreat Weeks
Connect with us
JRS Retiro online: Día 4 – Minas antipersona: una herida en el corazón de Dios
jueves, noviembre 04, 2010


“El odio nunca cesa por el odio, pues sólo puede curarse con el amor.”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Phnom Penh, 4 de noviembre de 2010 – El pasado 12 de agosto, recibí una llamada urgente a mi móvil de Sok Eng, el primer coordinador de nuestro programa del JRS en Banteay Meanchey, Camboya: “Hermana, estoy en el hospital de Mongkul Borey con Sok Eim que ha resultado gravemente herido por una mina antipersona. Es una historia muy triste. ¿Puede encontrar alguna manera de darle esperanza?”

¡La historia, en efecto, era increíblemente desoladora! Nacido en el campamento de refugiados, Asentamiento 8, en la frontera camboyano-tailandesa, el padre de Sok Eim también había sido víctima de un explosivo remanente de la guerra. A la edad de seis años, Sok Eim fue repatriado a una aldea en Camboya. Nunca tuvo la oportunidad de ir a la escuela. Al contrario, él era quien se encargaba de conseguir los alimentos para su familia. En 2009, buscaba empleo y le tentaron para que cruzase a Tailandia, desde donde unos traficantes le introdujeron en Malasia. No tardó en ser detenido y encarcelado en una prisión malaya. Seis meses después, tras pedirlo a la embajada camboyana, fue repatriado a su aldea en Siem Reap. Su familia seguía pasando hambre.

Som Eik decidió ir a trabajar en la producción de carbón y fue a la selva bosque que se extiende a lo largo de la frontera con Tailandia. Un día, de repente, escucho un estallido y saltó por los aires. Tenía una pierna colgando y sangraba profusamente por los brazos y por todo el cuerpo. Una mina antipersona. Unos soldados, que oyeron de lejos la explosión, corrieron a darle los primeros auxilios. Todo aquello ocurría el 10 de agosto el aniversario del final de la II Guerra Mundial en el Pacífico.

Ahora tiene una pierna amputada y Som Eik sufre todavía de un fuerte dolor en la otra y en sus brazos. Su familia acudió rápidamente en su ayuda, dándole la sangre que, desesperadamente, necesitaba. Su cuerpo ha comenzado a curarse pero su corazón está lleno de desolación. ¿Cómo va a vivir y moverse?

Le sonríe entre lágrimas a Sok Eng cuando ésta le cuenta que, tiene “un amigo en el JRS llamado Tun Channareth, que perdió ambas piernas por una mina antipersona y que quería matarse, pero ahora fabrica sillas de ruedas, hace campañas para prohibir las bombas de racimo, y sus hijas ya van a la universidad. Vive en Siem Reap no muy lejos de ti. Vendrá a visitarte.”

Mientras reflexiona sobre esta historia, pregúntese “¿cómo han afectado a la vida de este hombre de 24 años los ignominiosos centros de detención del Khmer Rouge, la falta de escuelas en las aldeas pobres camboyanas, la pobreza cotidiana, la producción de armas, la guerra incesante, el tráfico de personas , y ahora el devastador trauma de una mina antipersona? Gobiernos, fabricantes de armas, soldados, hombres de negocios y traficantes están todos involucrados. Como lo estamos nosotros. De hecho, podría ser nuestra falta de conciencia ante la vida de los demás, nuestra falta de acción o negarnos a amar lo que nos hará partícipes de esta vergonzosa espiral del mal.

Si pudiera mirar por encima de la barandilla del balcón del Centro de Reflexión jesuita Metta Karuna [Misericordia, Amor, Bondad] en Camboya, verías una escultura que representa la historia del lavatorio de pies en el Evangelio. Si pudiera acercarse y leer la placa, se encontraría con la siguiente inscripción: "No tengo un pie para lavar." ¡Un hombre que perdió su pierna por una mina antipersona está admirando a Jesús!


Contemple a Jesús en el hombre que ha perdido su pierna. Y deje que Jesús le lave los pies. Ábrale su corazón, dígale que lamenta las cosas que a veces ha hecho sin amor, por quedarse absorto en sus propias preocupaciones, por las minas antipersona que hay en su corazón. Llore cuando le lave los pies. Sienta el agua sanadora. Déjela que corra sobre el muñón de la pierna de Sok Eim que se sienta a su lado.

Pida estar alerta de las heridas en el corazón de Dios, del dolor, de la pobreza, de la indignidad sufrida por tantos de nuestros hermanos y hermanas que causan el llanto de Dios.

Hna. Denise Coghlan
JRS Camboya

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.



Suggested Reading for Prayer
Juan 13:1-16

“Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.”