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JRS Retiro online: Día 5 – Un mundo en necesidad de reconciliación
viernes, noviembre 05, 2010


“La nostalgia de la reconciliación y la reconciliación misma serán plenas y eficaces en la medida en que lleguen —para así sanarla— a aquella laceración primigenia que es la raíz de todas las otras, la cual consiste en el pecado.”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Washington DC, 5 de noviembre de 2010 – En 2007, mientras estaba valorando las potenciales respuestas del JRS a las necesidades de los inmigrantes a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, un joven mexicano de 22 años, Francisco Javier Domínguez Rivera, recibió un disparo mortal de un agente de la patrulla fronteriza estadounidense. Poco antes de recibir el tiro, Francisco había cruzado la frontera de Arizona desde México con dos de sus hermanos y una joven cuñada. De niño, en México, su familia vivía en una cabaña de madera y de una sola habitación, que comenzó a hundirse cuando él era un adolescente. Había abandonado México hacia los Estados Unidos con 17 años, dispuesto a ganar lo suficiente para ayudar a levantar su familia. Poco a poco, durante los siguientes cinco años consiguió ahorrar lo necesario para poner los cimientos de un nuevo hogar en Cuautla, México. Cuando iba a regresar a su país, en 2006, se quedó dos meses más antes para ganar lo suficiente y poder terminar la cocina.

Poco se sabe de los datos reales tantas muertes. Ninguno de los cuatro mexicanos iba armado; sin embargo, por alguna razón, el agente se sintió amenazado por aquel grupo de jóvenes inmigrantes. Sólo podemos suponer que Francisco y sus hermanos estaban aterrados por aquel agente, que simbolizaba la destrucción de todas sus esperanzas y sueños. Sin duda, el policía se sintió amenazado por estos jóvenes que podían haber sido criminales, narcotraficantes o terroristas. Imagino que lo que ocurrió aquel frío día de enero fue simplemente el resultado de la destructiva barrera de la incomprensión, la discriminación y el miedo. Tanto los jóvenes mexicanos como el agente se convirtieron en víctimas involuntarias de un sistema de inmigración que no sirve. Dos días después del asesinato, yo estaba celebrando una misa en el centro de detención del norte de Tucson. Al fondo de la sala, me encontré a los dos hermanos de Francisco, aturdidos, con el corazón destrozado, llorando en silencio y rezando por él.

En medio de la confusión y tristeza de esta experiencia, el Señor nos pide que nos mantengamos firmes frente al quebrantamiento de nuestro mundo y que sintamos el profundo deseo de la reconciliación que sólo Jesús puede traer. La invitación a la reconciliación de Jesús no conocía barreras. Trató con los poderosos, les retó a cambiar el corazón. Mostró un amor especial por los pobres. Proclamó constantemente el reino de Dios que, por él, se convirtió en una manera de ver el mundo en la que todas las relaciones se reconcilian en Dios. ¿Cuándo en su mundo y en su vida ha sentido la necesidad y el deseo de la reconciliación? Muéstrele este deseo al Señor.

Kenneth Gavin, S.J.
Ex director regional del JRS USA

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.



Suggested Reading for Prayer
Efesios 1: 8-10

Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo