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JRS Retiro online: Día 6 – El Perdón como retorno del exilio
sábado, noviembre 06, 2010


“Aquel que perdona es el que cruza la orilla culminando el éxodo del país de la esclavitud y de la muerte al país de la libertad y de la vida. El hace como Dios evitando sucumbir al mal y no dejando que éste le domine …”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Abiyán, 6 de noviembre de 2010 – Hacia los años 90, ciertos ciudadanos de países de África Subsahariana intentaron llegar al poder por la fuerza, porque se sentían perjudicados por la redistribución de los beneficios de los recursos naturales de su región. Al fracasar sus intentonas golpistas, una cruenta represión se cernió sobre la región provocando muertes y forzando al exilio a muchas personas.

Después de años de sufrimiento, de reflexiones y de negociaciones, muchos refugiados volvieron a sus países donde fueron bien recibidos. De hecho, en su honor se hicieron numerosas celebraciones y a algunos les invitaron a participar en gobiernos de unión nacional. Aparte, no sólo se han reencontrado con sus familias y su país, sino que además lo han redescubierto bajo un nuevo sol, diferentes, sobre una tierra nueva bajo un cielo nuevo y un nuevo corazón. Por contra, los que no pudieron perdonar siguieron en el exilio, lejos de su país, como apátridas.

El perdón-reconciliación no es una vía de un solo sentido. Exige reciprocidad. Es un proceso en el espacio y en el tiempo. Para evitar los ciclos periódicos de violencias y venganzas, hay que tener en cuenta el sufrimiento de los exiliados que sienten su derrota como una humillación de la que sólo podrán sentirse resarcidos con una justicia revanchista.

Si bien es cierto que los vencedores a veces se comportan con altivez, distancia, pretenciosidad y provocación, han vivido siempre temiendo al vencido. Los fantasmas de una eventual revancha de los exiliados no dejan dormir a los vencedores y los sumen en la paranoia, la suspicacia ante cualquier levantamiento de los vencidos o al retorno de los exiliados.

¿Cómo amar y hacer que se reconcilien con ellos mismos a estos vencedores insolentes? ¿Cómo proponerles una alternativa cuando ellos jamás se perdonarán no haber estado lo suficientemente vigilantes para conservar su victoria? Una cura interna de unos y otros es la única semilla de mostaza susceptible de transformarse en perdón, reconciliación y un futuro mejor de fraternidad universal de los hijos de Dios.

Leamos a continuación la historia del hijo pródigo en la que el exiliado regresa, y pidamos por la gracia del reconocimiento del pecado y del perdón en nuestras vidas. Observen el sorprendente perdón del padre en vez del castigo. La piedad del padre es una compasión capaz de perdonar. De aquí surge la resurrección y la rehabilitación del hijo: el perdón como pasaje de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de la locura a la cordura.

P. Kapitula Nzanzu SJ
Director del África del Oeste

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.



Suggested Reading for Prayer
Lucas 15:17-24

Entonces el hijo menor recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!" Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".  Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo". Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,  porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado".