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JRS Retiro online: Día 8 – La Vida es más fuerte que la Muerte
lunes, noviembre 08, 2010


“Te pido rezar el coloquio de San Ignacio de la primera semana de Ejercicios delante del pueblo crucificado, preguntándote: ¿Qué he hecho yo para crucificarles? ¿Qué hago yo para terminar su crucifixión? ¿Qué debo hacer para que este pueblo resucite de entre los muertos?”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Barcelona, 8 de noviembre de 2010 – Tengo presente ante mis ojos uno de los muchos campamentos de refugiados ruandeses en la región del Kivu, en 1995. Habían tenido que huir de su país, Ruanda, para evitar que los mataran. Lo abandonaron todo y huyeron con lo poco que podían llevar en la cabeza o a hombros.

La gran mayoría eran inocentes que sufrían las consecuencias de la guerra fratricida que provocó miles y miles de muertes. Eran unos cuantos miles de refugiados, la gran mayoría mujeres, niños y ancianos, postrados en el suelo, con una mirada al infinito que mostraba miedo, dolor, desesperación, angustia, y mil otros sentimientos difíciles de descifrar con sólo una mirada. Todo este conjunto de sentimientos internos que paralizan a la persona y que no le permiten ponerse en pie, ni interna ni externamente. Incluso los niños y niñas, que generalmente están alegres, por vivir el momento presente, estaban tristes. Compartían la situación de sus mayores. No había ni una sonrisa en sus rostros.

Mirando aquella llanura con los niños, niñas, mujeres, ancianos esparcidos por el suelo, que permanecían quietos y silenciosos, sentí, dentro de mí, un dolor difícil de explicar. Al poco tiempo mientras iba contemplando aquella muchedumbre me surgió la  pregunta: ¿por qué?, ¿Dónde estaba Dios, dónde se escondía que no se veía ninguna luz sino tan solo tinieblas?

Después de ponernos ante el crucificado en oración, compartimos nuestras mociones. Una moción general fue el sentimiento de que el mal existía y que causaba dolor y muerte en nuestro mundo. Lo habíamos visto y palpado con nuestros propios ojos. La segunda moción, que salió al compartir lo experimentado en la oración, fue que hemos construido un mundo donde los bienes están mal repartidos y esto es la causa del dolor y sufrimiento de tantos hombres y mujeres en nuestro mundo. Una última moción compartida fue la pregunta de qué podemos hacer, para que estos hermanos y hermanas nuestros pudieran, y nosotros con ellos, experimentar la resurrección y no tan solo la muerte.

Después de una larga reflexión, decidimos preguntar a estos refugiados qué deseaban. Escuchar sus historias personales, creo que nos hizo mucho bien a todas y todos. La muchedumbre empezó a tener rostros y nombres concretos de mujeres, ancianos y niños. Llevaban días sin comer y estaban sin alimentos. No había nada que hacer durante el día. Los niños no tenían una escuela adonde ir. Poco a poco, se pusieron en pie y recuperamos todos juntos la esperanza. La muerte no tenía la última palabra. La Vida era más fuerte que la muerte.

P. Lluis Magriñà SJ
Provincial de la Tarraconense
(Ex director internacional del Servicio Jesuita a Refugiados)

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.


Suggested Reading for Prayer
Romanos 8: 35-39

¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.