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JRS Retiro online: Día 14 – Denles Ustedes de Comer
domingo, noviembre 14, 2010


"El acompañamiento mutuo es un elemento esencial tanto de nuestra misión como de nuestra metodología. Acompañar significa ser compañero, el que comparte el pan."
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Santo Domingo, 14 de noviembre de 2010 – En los días y semanas que siguieron al terremoto de Haití, el Centro Jesuita de Bonó,  en Santo Domingo, se transformó en un centro de recolección para la recepción de alimentos y otros suministros básicos procedentes de donantes privados y otras organizaciones que formaban parte de la Plataforma de Ayuda a Haití.

El terremoto que destruyó la ciudad de Puerto Príncipe, el 12 de enero, nos encontró perfilando nuestra planificación del año. Más de 300.000 muertos, unos 500 mil heridos, cerca de 2 millones de personas sin hogar... irrumpieron de manera abrupta en nuestras vidas y nos señalaron caminos nuevos de solidaridad, de humanidad y de vida.

“Denles ustedes de comer,” el mandato de Jesús en el Evangelio de San Marcos era un imperativo que superaba nuestras posibilidades reales. Es lo mismo que les pasó a los discípulos al reconocerse impotentes. Pero entendimos que el llamado era a enfrentar la realidad sin titubeos. Estábamos convocados no por ser más o menos capaces; sencillamente la humanidad agonizante nos puso instantáneamente en movimiento.

Dios nos sorprendió en su intensidad siempre desestabilizadora. Ahora entendemos que vivir la intensidad del kairós de Dios sólo es posible desde una profunda espiritualidad, atenta al Dios que se nos quiere revelar cuando y como él quiere. Y no sólo lo experimentamos en el dolor de la gente, sino también en la impresionante fuerza que brota de la debilidad (Mc 6,38).

Entendimos que el acompañamiento es una gracia que sólo es posible desde el Dios que es fuente de todo amor y toda ternura. La invitación es a entregarnos gratuitamente, sin ni siquiera pretender atrapar el futuro, pues el resultado final no depende de nosotros.

Estar cerca del que sufre es, en nuestra experiencia, lo único con sentido que podemos hacer en estas situaciones límites. Compartir el dolor, el llanto, soportar la mirada del otro, sus preguntas, sus frustraciones con el mismo Dios... es solidaridad real, no la multimillonaria oferta mediática de las potencias que en cierta medida hicieron posible que el fenómeno natural se convirtiera en la mayor crisis humanitaria de la historia.

Como Jesús (Mc 6, 45-46) hay que saber el momento exacto en que tenemos que retirarnos. El otro es un sujeto con capacidad de movilizar también nuestros afectos y convicciones hondas, nos señala nuestras propias limitaciones. En nuestro caso, nos sacó de nuestra pretensión de ayudadores cuando en realidad éramos nosotros quienes recibíamos la fuerza de un pueblo que quiere vivir en dignidad. El otro no es objeto de nuestra caridad. No podemos sustituirlo, ni pretender llenar nuestros propios vacíos y miedos. En el momento exacto tenemos que retirarnos para que el otro emerja con su propia condición.

Digna María Adames Núñez
Directora
SJRM Republica Dominicana

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.


Suggested Reading for Prayer
Marcos 6: 32-46

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer». El respondió: “Denles de comer ustedes mismos”. Ellos le dijeron: “Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos”. Jesús preguntó: “¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver”. Después de averiguarlo, dijeron: “Cinco panes y dos pescados”. El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. El tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.