Additional information
Reflections for the week
Online Retreat Weeks
Connect with us
JRS Retiro online: Día 17 – Con Jesús crucificado: Acompañando al sufrido pueblo tamil
miércoles, noviembre 17, 2010


Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Colombo, 17 de noviembre de 2010 – Un domingo por la mañana de principios de 2009, salí de mi residencia con el cepillo de dientes en la mano. Tenía que celebrar la misa del domingo a las 6:30 de la mañana en una iglesia cercana, pero, de repente, la artillería gubernamental empezó a escupir fuego y junto a otros tamiles, corrí a protegerme al búnker. Al cabo de unas horas, cuando ya eran las 9:00, salí dispuesto a atender mis quehaceres de la mañana.

Normalmente, mi agenda diaria ya está programada, pero el fragor de las armas pesadas determinan cuando nos levantamos, cuando nos lavamos, cuando celebramos la Eucaristía, cuando comemos y cuando vamos a la cama.

En 2009, durante la última fase de la llamada “Operación Humanitaria” la población de Vanni al completo — unas 330.000 personas que pertenecen  a 81.000 familias — quedó atrapada en la denominada “área segura” de 12 kilómetros de largo y uno de ancho, establecida por el gobierno a lo largo de la costa oriental del distrito de Mullaitivu. Muchas de estas familias tamiles ya habían perdido a seres queridos, otros habían quedado mutilados y muchos se habían quedado sin sus pertenencias ganadas con mucho esfuerzo, por culpa de los bombardeos.

Yo era sólo uno más de entre los muchos tamiles testigos de los horrores de esta “guerra sin espectadores.” Bombardeos aéreos, artillería, lanza-cohetes múltiples y morteros, explosiones de bombas de racimo y disparos de pistola se cobraban su saldo a diario. La gente quedaba mutilada, herida, muerta como si fueran insectos bajo el golpe de un periódico. No había piedad con nadie – hombres, mujeres, niños, ni siquiera con los fetos no nacidos –. A toda esta carnicería se añadía la grave escasez de alimentos, de agua, saneamientos, medicinas, lo que hacía casi imposible la supervivencia humana.

Nuestra rutina diaria como sacerdotes consistía en ayudar a la gente con nuestros limitados recursos, visitando a los heridos en hospitales improvisados, enterrando a los muertos, consolando a sus deudos y administrando los sacramentos cuando era posible. Teníamos muy claro que las fuerzas armadas srilankesas estaban determinadas a derrotar a las fuerzas de los Tigres Tamiles a cualquier precio. Como grupo de sacerdotes, hemos abogado a favor de tamiles inocentes ante el gobierno de Sri Lanka, las organizaciones humanitarias internacionales y el gobierno de Estados Unidos para salvar la vida de la gente. También nos enfrentamos a los líderes de los Tigres por los abusos y les pedimos que pusieran fin a aquella guerra brutal. Todos nuestros llamamientos fueron en balde. Al contrario, fuimos etiquetados por el gobierno de apoyar a los ‘terroristas’, mientras, por su parte, los Tigres nos amenazaban. La guerra siguió su curso y la gente continuó sufriendo. Dos de nuestros hermanos sacerdotes resultaron gravemente heridos y miles de personas muertas.

Viví este camino de la cruz sintiéndome completamente en el desamparo. Pero fue precisamente esta sensación la que marcó mi propósito y dirección. Jesús, inocente, abandonado por sus discípulos y apóstoles, condenado injustamente por los líderes religiosos y militares, cargó con su cruz con total resignación a la voluntad de su Padre. Allí, en Vanni, quise compartir mi vida con los inocentes abandonados e injustamente condenados a morir por los poderes. Desde la fe, es una participación del sufrimiento de Jesús al dar su vida, reconstruido en las vidas de esta gente desamparada.

Joseph Joel SJ
Director nacional del JRS Sri Lanka

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.



Suggested Reading for Prayer
Mateo 25: 32-40

Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.” Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?” Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.”