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JRS Retiro online: Día 19 – Una Advocacy de la Compasión
viernes, noviembre 19, 2010


“Nosotros tenemos que hacer estas peticiones en la fe ya que bien podría ser que no experimentásemos ningún sentimiento en absoluto.”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Roma, 19 de noviembre de 2010 – Una tarde de marzo de 1996, rezaba en silencio en una de las iglesias del campamento de Kakuma, en Kenya, donde entonces estaba trabajando. Una joven sudanesa vino y se sentó a mi lado. Estuvimos un rato allí, disfrutando juntos del silencio. La única luz de la iglesia procedía de un fino rayo de sol que entraba a través del techo de paja. Desde aquel día, esa joven, Christine, y yo fuimos buenas amigas.

En cierta ocasión, le pregunté: “Imagina que la gente que trabaja con los refugiados te están escuchando. ¿Qué les contarías de tu experiencia?” Su respuesta a la pregunta continúa inspirándome: “La vida de un refugiado no es fácil. Lo que diría a la gente que trabaja con refugiados es que tengan la suficiente paciencia de escuchar con atención lo que tenemos que decir. Muchos refugiados sienten que sus necesidades y puntos de vista no se tienen en consideración. Las mujeres, especialmente, están llenas de temores y frustraciones. El mundo debería tener en cuenta los derechos de las mujeres en todos los aspectos y ayudarlas a solucionar sus problemas.”

Christine nos pedía que la escuchásemos y que nos tomáramos su vida en serio. Estas dos sencillas sugerencias pueden ser la base de cualquier sólida actividad de advocacy. Nos concierne a todos los que trabajamos en el JRS, porque todos nosotros somos, una u otra manera, sus defensores.

Durante la Tercera Semana de este retiro, nuestro objetivo es estar con el Jesús que padece para que crezca nuestra capacidad de sufrir con los necesitados. Como sugería Christine, estamos invitados a escuchar a Jesús cuando viaja a Jerusalén y a tomar en serio su aflicción por nosotros. Al contemplar y rezar por la Pasión de Jesús, la gracia fundamental que pedimos es la compasión, que literalmente significa sufrir con. Consiste en un esfuerzo por revivir aquello por lo que pasó el propio Jesús para que pueda crecer nuestra compasión por la gente crucificada en nuestro mundo. San Ignacio ya sabía que el dolor de Cristo conmovería nuestros corazones. Él también nos pedía tener en cuenta cómo se oculta la naturaleza divina, es decir, cómo Cristo, siendo divino, no destruye a sus enemigos, sino que permite el sufrimiento en su sagrada naturaleza humana.

Hoy viajamos con Jesús y sus apóstoles a Jerusalén. Caminemos también con Christine y con todos los refugiados a los que acompañamos en su sufrimiento, pidiendo al Señor que nos ayude a crecer en compasión.

Amaya Valcárcel
Responsable de advocacy del JRS Internacional
Roma, Italia

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.


Suggested Reading for Prayer
Mateo 26: 6-13

Cuando Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó una mujer con un frasco de alabastro, que contenía un perfume valioso, y lo derramó sobre su cabeza, mientras él estaba comiendo. Al ver esto, sus discípulos, indignados, dijeron: “¿Para qué este derroche? Se hubiera podido vender el perfume a buen precio para repartir el dinero entre los pobres”. Jesús se dio cuenta y les dijo: “¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparó mi sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo”.