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JRS Retiro online: Día 21 – Un viaje de la muerte a la vida: ¡Nunca estamos solos!
domingo, noviembre 21, 2010


“Cuando hemos sobrevivido a nuestra propia cruz, resucitado de la tumba de la desesperación, empezamos a saber que podemos sobrevivir una y otra vez sea lo que sea que la vida nos depare en el futuro.”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Toronto, 21 de noviembre de 2010 – A finales de los 90, me senté con un grupo de liberianos en un campamento de refugiados en Guinea adonde habían huido desde la cruenta guerra en Liberia. Estábamos sentados bajo un techo de paja, en un campamento construido precipitadamente, donde la gente vivía en pésimas condiciones.

Me contaron sus historias de dolor, de sufrimiento, de desesperación. Había una mujer que tuvo que salir corriendo para salvar su vida: vio como mataron de un disparo a su marido justo detrás de ella, pero no podía girarse e ir en su ayuda y corrió con sus hijos para que los rebeldes armados no la atraparan. Pude sentir su dolor cuando ella recordaba con vergüenza y culpabilidad haber abandonado a su esposo sin darle un entierro digno. Otros recuerdan la pérdida de sus casas, de sus negocios, de sus seres queridos mientras huían de la violencia de esta guerra sin sentido. Ahora están en un campamento de refugiados lejos de su hogar, sin nada más que lo que pueden llevar a cuestas. Las condiciones en el campamento eran muy básicas. Para algunos, esa no era la primera vez que habían tenido que escapar. La perspectiva de regresar a sus condados de origen no parecía ser muy alta.

Mientras sentada escuchaba sus historias y miraba a mi alrededor, me sentía abrumada por la desesperación. Pregunté: “¿Hay un alto nivel de suicidios en este campamento?”  Asumí que, al menos para algunos, esta sería la única manera de salir de esta situación desesperada. Se miraron unos a otros, dudaron, trataron de recordar. Al final nadie podía recordar si alguien había recurrido a este último acto de desesperación. Sin comprenderlo, les pregunte por qué. No lo sabían. Nunca se habían hecho esta pregunta. Una persona sugirió una posible respuesta: “¡Quizás sea porqué nunca estamos solos!”

Mis ojos se abrieron repentinamente. ¿Cómo no lo había visto? Después de tantos años de encuentros con refugiados aún no entendía la esperanza, la fortaleza, la determinación, el sentido de comunidad que tan a menudo está entre nosotros. Como suele ocurrir en los campamentos de refugiados, las familias se encargan de los niños que han perdido a sus padres, nacen otros bebés, los maestros dan, voluntariamente, su tiempo para que los pequeños puedan seguir sus estudios.

Pero yo, como los discípulos camino de Emaús, no reconocí la presencia de nuestro Dios creador entre la gente, creando vida en medio de la muerte. ¿No estaba ardiendo mi corazón?

Jenny Cafiso
Ex directora de programas internacionales del JRS,
Roma, Italia

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.


Suggested Reading for Prayer
Lucas 24: 30-32

Y estando en la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. 31 Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.