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JRS Retiro online: Día 24 – Signos de una vida nueva con los refugiados
miércoles, noviembre 24, 2010


"El que tenga sed que venga a mí. Pues el que cree en mí tendrá de beber. Lo dice la Escritura: De sus entrañas saldrán ríos de agua viva.”
Cuando empieces tu oración de hoy, recuerda que estás ante la presencia de Dios sagrado. Ten presente que Dios te está viendo en todo momento, y de que la ternura y el poder con que te mira. Pídele a Dios aquello que quieras a través de plegaria.

Pídele hoy a Dios que te ayude a rendirte ante el Misterio que te rodea, confiando en que el universo está en las buenas manos de Dios. Pídele que aumente tu fe en el amor radical y en la bondad de Dios, que pueden vencer todos tus temores y poner en orden tus deseos.



Reflections for Prayer
Mae Hong Son, 24 de noviembre de 2010 – Reflexionemos sobre las experiencias de una vida nueva que anticipaba la vida con el Señor resucitado.

Trabajo en el norte de Tailandia con birmanos refugiados en campamentos. Nuestro equipo de trabajo del JRS está formado por compañeros budistas, católicos, bautistas y metodistas, una mezcla de confesiones que se refleja en la población del campamento, pero bastante diferente del contexto mayoritariamente budista de Tailandia.

Una colega budista, que trabajaba conmigo, venía de un grupo étnico minoritario de las colinas, y me dijo que unirse al Jesuit Refugee Service en su labor de acompañamiento era realmente una verdadera fuente de vida nueva para ella. La mujer, que observaba fielmente los principios budistas, me explicó que este es un principio muy importante para todos los budistas, ya que a ellos se les pide respetar una nueva vida sea donde sea que la encuentren. Sin embargo, Buda también enseñaba la transitoriedad de la vida, con su inacabable ciclo vital de sufrimiento, muerte y renacimiento, y que sólo a través de la práctica de la compasión y de la sabiduría podemos trascender más allá de este ciclo. Así que esta nueva vida transformadora trabajando en el JRS se convirtió en un lugar donde ella podía ejercer la compasión.

El mismo día que tuvimos esa conversación en la oficina, estuve en el campamento de refugiados hablando al personal de educación sobre la partida de un gran número de maestros experimentados, que estaban aceptando las ofertas de reasentamiento en los EE.UU. Me di cuenta de que para los que iban a reasentarse este es otro ejemplo de la vida nueva, por las numerosas veces que escuché que los refugiados consideraban la reinstalación como el inicio de una nueva vida. Aunque era una experiencia de resurrección para unos, había también la sombra de la cruz para otros. Esta nueva vida significa dejar atrás su vieja identidad: comenzar de nuevo una vida supone morir para lo que les es familiar y para la familia que dejaron atrás en Birmania.

Estos dilemas y dramas tienen lugar en las vidas de personas encerradas en un entorno controlado, un campamento de refugiados, donde la única gran decisión que parecen tomar libremente es si optan por el reasentamiento o no. El JRS les acompaña durante estos momentos de reflexión y decisión. Los miembros del JRS tratan de profundizar su propia práctica de la compasión de manera que ésta se convierta en una fuerza transformadora que empodere a las personas y no en una fuerza opresiva que incremente el control.

En el Evangelio de Juan, la primera comunidad cristiana sentía a Jesús como Aquel que les trajo la vida nueva. Con este don del Espíritu, ellos, a su vez, se convierten en la fuente de nacimientos y nuevas vidas para otros. Utilice el texto de Juan 7:37-39 para rezar por el descubrimiento de una vida nueva en nuestra cotidianidad, para ser transformados por el poder del Espíritu y para comprometernos a vivir una vida de compasión.

P. Joe Hampson SJ
JRS Tailandia

Dírigete a Dios como a un amigo al que habla un amigo.

Háblale a Dios sobre tu respuesta, sobre tus necesidades y sobre tus deseos más profundos.

Termina tu oración con el Padrenuestro, la plegaria que Jesús nos enseñó.


Suggested Reading for Prayer
Juan 7:37-39

El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose en pie, exclamó: “El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí”. Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”.  El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado.